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¿Hemos pensado cuantos talentos debíamos?

Sanidapp

¿Hemos pensado cuantos talentos debíamos?


Mateo 18:24-27
“Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.”



Detengamonos un momento de nuestro correr diario y pensemos: Sabemos cuanto el Señor nos ha perdonado? Tenemos presente el vuelco que el Señor ha hecho en nuestras vidas? Somos conscientes que no había manera de pagar al Señor nuestra deuda?

Hoy quisiera llevarte hacer una operación matemática sencilla…
Sabemos que un denario era el pago común de un día de trabajo, sin embargo, según investigaciones, un talento equivalía aproximadamente a 6000 denarios, es decir, 6 mil días de trabajo.
Es impresionante que en esta historia de la Palabra, el Señor perdona una deuda de 10.000 talentos!
Haber multipliquemos: 10.000 talentos por  6.000 denarios = 60’000.000 denarios, es decir,  60 millones de días de trabajo le debía este hombre a su Señor!!

Hemos pensado ¿Cuál fue la deuda que nuestro Señor Jesucristo nos perdonó? 

Cuando no entendemos el precio ni somos conscientes de lo que Jesucristo ha hecho por nosotros es fácil juzgar, es fácil criticar, es fácil levantar nuestro dedo para dañar, es fácil ofender:
“Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.” (Mateo 18:28-30)

Por favor, nunca lo que alguien nos haga será mayor a lo que nosotros le hemos hecho al Maestro para tener que saldar nuestros pecados con precio de sangre!

Alguien nos ha hecho algo? Perdonémosle, Hemos hecho algo a alguien? Acerquémonos y pidámosle perdón.
Como decía en un inicio, detengámonos de nuestro afán, analicemos que ha hecho el Señor por nosotros, reconozcamos cuan bello y Grande es el Señor y cuan enorme a su sido su gracia y misericordia para con nosotros!  Y teniendo en cuenta esto, estemos dispuestos a perdonar, a levantar, a ayudar y a reconfortar como instrumentos útiles en las manos del Señor.

¿Hemos pensado cuantos talentos debíamos?

Dios te bendiga y que tengas un excelente día en Cristo Jesús!

Roldan Ortiz Molinares

¿Crucificando de nuevo a Jesús?

Sanidapp

¿Crucificando de nuevo a Jesús?


Hebreos 6:4-6
“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.”




Es bello conocer del Señor, es un deleite disfrutar de su presencia pero no todos están decididos a que las viejas cosas pasen (2 Corintios 5:17), es aquí cuando sin pensarlo nos convertimos como las olas del mar (Santiago 1:6), en juguetes (Jueces 16:25), y el pecado hace con nosotros todo lo que bien le parece hasta el punto de llegar a consecuencias desastrosas.

Para ir al punto, vamos a recalcar lo que la Palabra nos enseña:
1. ¿Reconocemos que hemos pecado?: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros...Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” (1 Juan 1:8,10)
2. ¿Nos arrepentimos sinceramente?: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19), “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9)  
3. ¿Jesús es nuestro Salvador personal?: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Romanos 10:8-10), “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13)
4. ¿Andamos en una nueva vida con Jesús?: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 1:17-32)  

Respecto a lo anterior... ¿Qué pregunta nos hace falta contestar?
“Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” (Juan 5:14)

Dios te bendiga y que tengas un excelente día en Cristo Jesús!  



Roldan Ortiz Molinares

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